Ríos están completamente secos en parte oeste de Puerto Plata

PUERTO PLATA.- Completamente secos se encuentran los principales ríos de la parte oeste de esta provincia, debido a los efectos devastadores de granceras que continúan extrayendo materiales para la construcción y a la extenuante sequía.

En un recorrido que hizo este redactor por el municipio de Imbert, se pudo comprobar que el otrora caudaloso río Bajabonico, irónicamente ya no fluye agua por su cauce y solo se observan piedras en su lecho polvoriento.

También se encuentran “moribundos” los ríos Obispo, Caonao, y Unijica, en cuyas áreas de influencia personas con cierto poder económico y político auspician una amplia deforestación, ante la mirada indiferente de las autoridades de Medio Ambiente.

Otros afluentes que han experimentado un notable estiaje, son los manantiales que conforman el Monumento Natural Saltos de La Damajagua, enclavado entre los municipios de Imbert y Altamira, que es un gran atractivo turístico por ser un auténtico pulmón ecológico.

Una fuente de entero crédito, aseguró que esa zona ecoturística ha sido afectada por la falta de lluvias, ya que de los 27 charcos tradicionales, solo hay 18 que tienen agua en sus riveras, mientras que en los 9 restantes en sus respectivos lechos solo hay “un tímido chorrito”.

Ante dicha situación que presentan los ríos del extremo oeste de Puerto Plata, los ciudadanos han dado voz de alarma, como es el caso de la señora Dolores Minerva Peña, quien asegura que en toda su existencia jamás había visto el río Bajabonico totalmente seco.

“Esto es terrible, ya que en mi pueblo Ranchito de Los Vargas nunca habíamos visto el río Bajabonico sin agua, ya que como se puede ver está completamente seco ya que en mi juventud ese río era muy caudaloso y nos zambullíamos en sus charcos”, expresó la dama.

Mientras que Eladia De León, sostuvo que sin tener un mínimo grado de conciencia, dueños de graceras con la complicidad de las autoridades siguen sacando agregados para la construcción, acción que le hace un daño inmenso e irreparable a los ríos que son necesarios para la subsistencia de los seres humanos.